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El sentido en la escritura

 

La selección de los elementos que conforman el texto escrito se realiza teniendo en cuenta el propósito del texto y el destinatario. Es decir qué queremos escribir y a quién va dirigido lo que escribimos.


Cuando se escribe alguna cosa, hay una finalidad o un propósito determinado: expresar una idea de una imagen agradable, despreciable, prestigiosa, hacer un relato preciso o utilizarlo para evocar un ambiente, una situación, unos sentimientos, centrarse en la descripción de acuerdo a las intenciones del escritor.

Por otra parte, se escribe pensando en un receptor determinado, con unas preferencias, unos conocimientos previos, unas expectativas, unos valores concretos.

Propósito o idea y destinatario guían la elección de las partes propias del texto -es decir, las que están incluidas en el todo y, por lo tanto, mantienen con él una relación de cohesión que es la que le da sentido.
Si el escritor no domina claramente el tema que quiere escribir el texto no será claro.
O si el escritor no conoce o no sabe bien quien es el destinatario de su mensaje, es decir su lector, el texto tampoco resultará claro.
 


El lector juega la otra parte importante porque aunque el texto esté bien escrito, si él sabe poco sobre el tema no lo va a entender bien. Si no le interesa y lo lee sin atención, tampoco le encontrará sentido.


Algunas operaciones que hacen posible poner en relación los elementos de un texto son:

1.-la ubicación del objeto o idea, mediante proposiciones. Por ejemplo

 

 

 










2.-la asimilación del objeto o idea a otros objetos mediante comparaciones y metáforas. Por ejemplo

Cohesión y coherencia textuales

La coherencia de un texto descriptivo la garantizan principalmente dos operaciones la referencia y la cohesión léxica. Es decir un aspecto anterior a lo que se va a escribir y la armonía entre las partes de lo que se está escribiendo.


La referencia a la que se remite el lector se obtiene por elementos llamados anafóricos como los pronombres personales, posesivos, los demostrativos, los relativos. Todos estos elementos cumplen una función anafórica cuando se refieren a otros elementos del texto aparecidos previamente en la lectura.

En el texto de Marisol podría aparecer: Por ejemplo

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La cohesión léxica es asegurada mediante la repetición de palabras o la utilización de series de ellas -relacionadas por sinónimos, contrastes o, simplemente, relaciones por conocimientos compartidos del mundo- en las operaciones de puesta en relación de un tema.

Refiriéndose a Marisol, por ejemplo


Este tipo de relaciones semánticas no son sólo de los textos descriptivos, pero son una de las estrategias más utilizadas en estos textos, no sólo para cohesionarlo, sino también para hacerlos progresar.
 
 
Otra operación es la aparición de subtemas, es decir, la aparición progresiva de nuevos temas-títulos, también es característica de la descripción o la explicación. Uno de los rasgos diferenciadores de las descripciones en relación con las narraciones es que aceptan una variedad de temas, mientras que las narraciones se articulan sobre la base del mismo tema, normalmente el sujeto gramatical.

Así pues, por lo que se refiere a la progresión temática, las secuencias descriptivas del texto siguen, en general, el modelo de progresión lineal, en el que cada información nueva (parte, propiedades, elementos de puesta en relación, etc.) que se atribuye a un tema se convierte en tema de una nueva proposición.
 

 

 

 
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