Con la aparición del petróleo (en 1926 sobrepasa al café como principal producto de importación) se aceleró, entre otras cosas, el proceso de urbanización y fue en el sector urbano donde hubo el mayor impulso en cuanto a inversión en manufacturas, configurando un patrón de larga proyección.
Durante la presidencia del General López Contreras
se crean el Banco Industrial de Venezuela y el Banco
Central de Venezuela
A partir de 1936 el nuevo gobierno, representado por el General López Contreras, decide emprender los primeros esfuerzos por coordinar una política económica que favoreciera a la industria nacional. Sin embargo, esta política contenía en su interior contradicciones insalvables, como por ejemplo entre la Ley de Aduanas de 1936 que buscaba proteger las industrias nacionales y la firma, en 1939, del Tratado de Reciprocidad Comercial con Estados Unidos, que redujo los aranceles de gran cantidad de productos que se fabricaban en el país. No obstante, es posible percibir la voluntad estatal de asumir un papel más predominante en la economía nacional en general y en el proceso de industrialización específicamente; expresión de esta voluntad es la creación del Banco Industrial de Venezuela (1937) y la sistematización del sistema financiero con la apertura del Banco Central de Venezuela (1940).
Luego de 1940 se da en Venezuela la consolidación del sector manufacturero, crecen y se concentran las industrias tradicionales, aparecen nuevos rubros, se crea al fin una infraestructura física y se incrementa la acción estatal. En 1940 el Estado otorgó a la industria exoneraciones de los derechos de importación para maquinaria y materia prima por un valor de 3 millones de bolívares y en 1942 por más de 20 millones de bolívares. En 1944 se crea, como resultado de la iniciativa del sector privado, FEDECAMARAS que habría de convertirse en el principal organismo empresarial del país, y dos años más tarde en 1946 se crea la Corporación Nacional de Fomento. A partir de 1950 la expansión de la producción industrial toma aún más impulso, y para 1955 las tasas de crecimiento industrial fueron las más altas durante el proceso industrial nacional hasta el momento. Sin embargo, no será sino hasta el inicio de la democracia en Venezuela cuando comience realmente de forma acelerada y sostenida el proceso de industrialización nacional.
La década de los 60 constituye el auge de la industrialización en Venezuela y algunos otros países de Latinoamérica, se inicia lo que se conoce como proceso de industrialización por el modelo de sustitución de importaciones; se pretende, con este proceso, fabricar en el país los productos que anteriormente se importaban, logrando así, en primer término la creación de fuentes de trabajo, luego se obtendría un ahorro sustancial de divisas y por último se disminuiría la dependencia externa. La encargada de elaborar los planes para alcanzar la industrialización como uno de los objetivos de la política nacional será la Oficina Central de Coordinación y Planificación CORDIPLAN creada en 1958. En este período el Estado aumentará los mecanismos de protección a las industrias, limitando las importaciones, concediendo exoneraciones arancelarias, avales, créditos preferenciales y exenciones tributarias. Se impulsó la construcción de infraestructura y se crean zonas industriales fuera del área metropolitana como la zona industrial de Maracay-Valencia. Se incrementa el estímulo gubernamental hacia la agroindustria y aumenta el procesamiento de algodón, frutas, oleaginosas, tabaco y productos lácteos.
Importante para este proceso es la constitución
de las corporaciones regionales de desarrollo:
CORPOANDES (1964), CORPOZULIA (1969), CORPORIENTE (1970),
CORPOCCIDENTE (1971) y algunas otras. En 1971, el gobierno
de Caldera denuncia las condiciones desfavorables del
Tratado de Reciprocidad Comercial con los Estados Unidos
y cesa de estar en vigencia al año siguiente.
La existencia de éste tratado le dio un signo
muy especial al proceso de industrialización
venezolana, pues determinó que dicho proceso
empezara con retraso respecto a la mayoría de
los países de América Latina y cuando
comenzó lo hizo de forma limitada y condicionada.
Dos años después Venezuela ingresa al
Pacto Andino cuyos puntos más importantes eran
la decisión sobre el control de las inversiones
extranjeras y la programación sectorial industrial.
Corpozulia
En la década de los setenta, mientras ocurren sucesos que afectarán grandemente la estructura de la dinámica económica internacional como la crisis energética, internacionalización del capital y de las economías, diversificación del liderazgo industrial, caos monetario internacional, es decir, el fin del orden económico imperante al acabar la 2ª Guerra Mundial, Venezuela disfruta del aumento de los precios internacionales del petróleo. Esto le permitirá al Estado venezolano configurarse como el principal inversor en el sector industrial, en mayor medida en lo que respecta al ámbito de las industrias básicas ( Hidroeléctrica, Siderúrgica, Petroquímica).
Durante este período se mantiene la política de desarrollo industrial mediante la sustitución de importaciones como directriz fundamental del proceso industrial, aún cuando la intención gubernamental señalaba como necesario el establecimiento de industrias específicas de bienes intermedios y de capital. El capital extranjero se direccionó hacia la creación de industrias de base científica y se diversificó al contar con mayor presencia europea y japonesa. Al mismo tiempo se tendía hacia el establecimiento de empresas mixtas con participación estatal. Sin embargo no se produjeron los resultados esperados y en 1976 se hizo necesario la reformulación de muchos programas.
Crecieron las importaciones produciendo un importante déficit en la balanza comercial y de pagos, además de un proceso inflacionario; acontecimientos que no iban a poder ser paliados ni siquiera con el aumento de los precios del petróleo en el mercado internacional en los años 1979 y 1981. Así llega Venezuela a la crisis de 1983 cuando se devalúa el bolívar.
A partir de 1983 Venezuela se verá afectada por la caída de los precios petroleros en el ámbito internacional, situación que no habría de cambiar, al menos de manera notable, durante los siguientes diez años. El impulso industrial de los años setenta disminuyó considerablemente durante los últimos veinte años del siglo pasado y hay quienes sostienen que el proceso industrial mediante la sustitución de importaciones no puede ser ya el camino para el desarrollo y expansión industrial; en efecto, la solución ha de buscarse en la producción de exportación aprovechando las ventajas vinculadas a la posesión de recursos. No obstante, no parece una vía fácil, pues las inversiones de capital extranjero, fundamentales para cualquier proceso de industrialización que se pretenda llevar a cabo en Venezuela, han disminuido como efecto de la crisis económica que vive el país desde 1983. Pese a esto, en el marco de la integración regional Latinoamericana se presentan buenas perspectivas en las recién iniciadas exportaciones hacia Brasil y Colombia.
Para finalizar es necesario señalar que el sector industrial manufacturero ha ido alcanzando, aún sobre los numerosos obstáculos, un peso determinante en la economía nacional, y si bien el crecimiento es lo bastante lento como para no cubrir la demanda de empleo de la sociedad venezolana, la industria venezolana genera actualmente algo más del 20% del PTB ( Producto Territorial Bruto). Cuadro del número de establecimientos de la industria manufacturera.