Firma páginas web
 

 
Salud mental y trastornos mentales

La definición que hizo la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) de la palabra "salud" dice: “Estado de completo bienestar mental, físico y social, y no meramente la ausencia de enfermedad o dolencia” (O.M.S., 1946). Si se acepta como buena esta definición, se está aceptando tácitamente que el estado mental también forma parte de la evaluación del estado de salud de cualquier sujeto. Porque, sin duda, no se puede ostentar un nivel óptimo de salud y un deficitario estado mental. Por tanto, el concepto de salud mental va implícito en el concepto de salud y además como algo indisociable.

El concepto de salud hay que entenderlo siempre en un sentido amplio e integral. Por lo que el concepto de salud mental es de difícil definición. Varias son las causas:

La primera es que se trata de un concepto cuyo contenido es, en gran medida, valorativo. Las distintas evaluaciones de los síntomas y procesos tanto afectivos como cognitivos y comportamentales que se utilizan para designar a una persona o grupo social como sano o enfermo varían según las representaciones sociales y paradigmas científicos dominantes en cada cultura y periodo histórico. El que una persona sea considerada como enferma, no sólo depende de alteraciones de su personalidad sino de las actitudes de la sociedad con relación a ese tipo de alteraciones. Este hecho demuestra la importancia de los valores sociales en la definición de la salud o la enfermedad mental. Así, en todas las sociedades se realiza una distinción entre la persona que evidencia una alteración de su conducta de carácter crónico y la que muestra dichas alteraciones en situaciones socialmente aceptadas y normativamente sancionadas como pueden ser los ritos o los actos religiosos. Un mismo comportamiento puede ser evaluado de distinta forma según el contexto social en que se realiza. Sociólogos como Goffman (1976) llegan a definir la enfermedad mental, no como un conjunto de síntomas claramente delimitables, sino como una incorrección situacional. Estas "incorrecciones situacionales" reflejarían una ruptura en las reglas sociales que definen la interacción comunicativa.

En segundo lugar, los procesos psicológicos asociados con la salud o la enfermedad mental pueden ser descritos de formas diversas según los diferentes modelos psicológicos y médicos: La aproximación médica dominante en la Antigüedad Clásica daba una explicación de los desordenes mentales a partir de los trastornos producidos en el cerebro por desequilibrios humorales. Este tipo de explicaciones persistirá hasta finales del siglo XVI. Durante el siglo siguiente se desarrollan interpretaciones naturalistas de la enfermedad mental como la iatrofísica y la iatroquímica.


En los siglos XVII y XVIII los trastornos mentales o emocionales son considerados como un alejamiento voluntario de la razón que debía ser corregido mediante el internamiento y severas medidas disciplinarias. Durante ambos siglos los enfermos mentales son encerrados y apartados de la vida comunitaria. La finalidad de su aislamiento no era su tratamiento sino proteger a la sociedad de aquellos que infringían las normas sociales, una situación que en algunos casos persistirá hasta bien avanzado el siglo XX.

En el siglo XIX predominan las explicaciones somáticas de la enfermedad mental; objeto de estudio médico, los desordenes psicológicos eran considerados como una disfunción cerebral que debía ser objeto de tratamiento moral según los principios establecidos por el psiquiatra francés Philippe Pinel (1745-1826). Mientras que en el siglo XX se caracteriza por la introducción y el desarrollo del psicoanálisis, la expansión de la clasificación nosológica de las enfermedades mentales iniciada por Emil Kraepelin (1856-1926), el desarrollo de la neurología, la fisiología y la bioquímica, bases del desarrollo de la psiquiatría organicista, el auge de la psicofarmacología y, finalmente, el inicio de concepciones psicosociológicas de la salud y la enfermedad mental.

En cuanto a las representaciones populares de la enfermedad mental se pueden distinguir cuatro grandes fases:

     • La primera consideraría la enfermedad mental como posesión diabólica o inspiración divina;
     • la segunda interpretaría la enfermedad como desviación social,
     • la tercera consideraría la enfermedad mental como enfermedad física y,
     • finalmente, se tendría una concepción basada en diferentes modelos psicológicos y         sociogenéticos.

La diversidad de modelos explicativos-psiquiatría organicista, modelos psicosomáticos, psicodinámicos, psicoanalíticos, conductistas, cognitivos, sociogéneticos, comunitarios, entre otros y la persistencia de diferentes representaciones sociales de la enfermedad mental, hacen inviable un modelo integrativo o un criterio de definición único de salud o enfermedad mental.

En tercer lugar, existen criterios diferentes para la definición de salud o enfermedad mental. Los trastornos mentales pueden ser socialmente reconocidos a través del diagnóstico o a través de un enfoque epidemiológico en el que el objetivo es dar cuenta del tipo y severidad de los síntomas antes de la clasificación de las personas como mentalmente sanas o mentalmente enfermas. Los criterios para el diagnóstico de las enfermedades mentales, si bien varían, tienen, en la actualidad, un punto de referencia básico en los criterios de diagnóstico del DSM-IV, "Manual estadístico y de diagnóstico de los trastornos mentales".


Los criterios principales para el diagnóstico son la existencia de sintomatología, el comportamiento social desajustado y la duración prolongada de los síntomas. Este tipo de detección de trastornos mentales ha sido objeto de críticas. De entre las mismas cabe destacar dos:

     • La primera hace referencia a que la división en categorías de los trastornos mentales no refleja        adecuadamente la realidad. Diversos estudios muestran un elevado grado de solapamiento entre        los síntomas que caracterizan diferentes trastornos mentales.

     • La segunda crítica realizada, enfatiza el hecho de que los criterios de diagnóstico comúnmente         utilizados excluyen a un importante número de personas con problemas psicológicos.

En resumen, los diferentes criterios utilizados para diagnosticar a aquellas personas que tienen problemas de salud mental establecen, en ocasiones, una realidad superpuesta a los problemas reales, cognitivos y/o emocionales, de las personas.

Finalmente, existe también una notable confusión entre los términos salud y enfermedad mental. Ambos conceptos no son condiciones que permitan definir a la una como la ausencia de la otra. Una persona puede tener problemas de salud mental y no estar mentalmente enferma. Mientras que los criterios convencionales para definir la enfermedad mental siguen los criterios de diagnóstico anteriormente reseñados, los estudios sobre salud mental consideran a ésta como un continuo en el que se reflejan diferentes grados o niveles de bienestar o deterioro psicológico. Desde esta perspectiva diferentes autores como Jahoda (1980) o Warr ( 1987) han tratado de identificar los componentes principales de la salud mental: bienestar emocional, competencia, autonomía, aspiración, autoestima, funcionamiento integrado, adecuada percepción de la realidad, entre otros.

Las investigaciones llevadas a cabo principalmente en el área de la salud mental, aunque también en el campo de estudio de los trastornos de carácter psicótico, se han centrado, primordialmente, en el estudio de los factores psicosociales que determinan diferencias en salud mental entre distintos grupos sociales de la población. El punto de partida de estas investigaciones es el de considerar la enfermedad mental o el deterioro psicológico no necesariamente como una reacción patológica sino como una respuesta adaptativa ante las presiones del medio cuando otras estrategias de afrontamiento no se encuentran disponibles.
Investigaciones como las de Alvaro (1992), Alvaro, Torregrosa y Garrido Luque (1992), Bastide (1988), Cochrane (1983), Mirowsky y Ross (1989), Páez (1986), Tusquets y Grau (1988), entre otros, ponen de relieve los efectos negativos para la salud mental del desempleo o de los procesos migratorios, así como las diferencias encontradas entre ambos sexos o entre clases sociales diferenciadas por su estatus socioeconómico. Estos estudios aunque no excluyen la terapia individual, al analizar las causas sociales del deterioro psicológico, enfatizan aquellos aspectos de intervención relacionados con el cambio social.

La salud mental entonces, es un concepto dinámico, que está ligado a las condiciones de vida, los avances científicos y a la evolución de la cultura. De tal manera, las actitudes de la población respecto a la salud, han ido cambiando en la medida que se operan cambios en los valores sociales. Y estos han posibilitado que el concepto no sólo se centre en lo curativo de antaño, sino que hoy se consideren aspectos tales como el entorno, factores de riesgo, estilos de vida, educación sanitaria y todo cuanto contribuya a su promoción, fomento y prevención.

Por otro lado, no se puede concebir la salud como un valor absoluto sino relativo, y sujeto a múltiples contingencias.

     • Así pues, el concepto de salud tiene que entenderse de manera amplia e integral y, además, como        el equilibrio entre el individuo y su medio ambiente, como una manera de vivir que suponga el        desarrollo de la potencialidad humana, que permita el goce pleno y armonioso de sus        facultades, para disfrutar un bienestar individual y para participar en el progreso común.

     • También hay que tener en cuenta el hecho de que los factores sociales, en gran medida,         condicionan el tiempo histórico y ejercen un papel importante en la configuración de la salud de         la población. De manera que la salud de la población depende, en parte, de la forma en que las         acciones políticas condicionan el medio y crean aquellas circunstancias que favorecen la         confianza en sí, la autonomía y dignidad para todos, especialmente los débiles. Los niveles de         salud, en consecuencia, serán óptimos cuando el ambiente favorezca una capacidad de         afrontamiento eficaz, autónoma, personal y responsable.

En cualquier caso, la salud y, por tanto, la salud mental, desde una perspectiva actual, se contempla como un proceso dinámico, por el cual todas las personas a lo largo de sus vidas atraviesan por diferentes períodos en los que el grado de salud varía dentro de ese proceso continuo: salud-enfermedad. Mucha gente piensa en la “enfermedad” mental cuando escuchan la expresión salud mental. No obstante, salud mental es mucho más que la ausencia de trastorno mental. La salud mental es un don que todos quieren poseer, independientemente de si se designa o no con ese nombre. Cuando se habla de felicidad, tranquilidad, goce o satisfacción, casi siempre se está refiriendo a la salud mental.

La salud mental tiene que ver con la vida diaria de todos. Se refiere a la manera como cada uno de los individuos se relacionan con otros en el seno de la familia, en la escuela, en el trabajo, las actividades recreativas, contacto diario con los pares y, en general, con la comunidad. Comprende la manera en que cada uno armoniza sus deseos, anhelos, habilidades, ideales, sentimientos y valores morales con los requerimientos para hacer frente a las demandas de la vida. De este modo, según la Federación Mundial para la Salud Mental, la salud mental tiene que ver con:

     • Cómo nos sentimos con nosotros mismos.
     • Cómo nos sentimos con los demás.
     • En qué forma respondemos a las demandas de la vida.

No existe una línea divisoria que separe con precisión a la persona mentalmente sana de la que no lo está. En verdad, existe toda una gama de grados de salud mental y no hay una característica singular que pueda tomarse aisladamente como evidencia de que se la posee. Por otra parte, tampoco la ausencia de uno de esos atributos puede admitirse como prueba de enfermedad mental. Más aún, nadie mantiene durante toda su vida las condiciones de una “buena” salud mental. Entre las características de las personas mentalmente sanas se encuentran las siguientes:

Están satisfechas consigo mismo


     • No están abrumadas por sus propias        emociones (rabia, temores, amor, celos,        sentimientos de culpa o preocupaciones).
     • Pueden aceptar sin alterarse las        decepciones de la vida.
     • Tienen una actitud tolerante,        despreocupada, respecto a la propia persona        y a los demás y son capaces de reírse de sí        mismas.

     • Ni subestiman ni sobrevaloran sus habilidades.
     • Se respetan a sí mismas.
     • Se sienten capaces de enfrentar la mayoría de las situaciones.
     • Consiguen placer de las cosas simples de la vida cotidiana.

Se sienten bien con los demás

     • Son capaces de amar y tener en consideración los intereses de los demás.
     • Sus relaciones personales son satisfactorias y duraderas.
     • Les gusta confiar en los demás y sentir que los otros confían en ellos.
     • Respetan las múltiples diferencias que encuentran en la gente.
     • No se aprovechan de los demás ni dejan que se les utilice.
     • Se sienten parte de un grupo.
     • Se consideran implicados en los avatares que afectan a la sociedad.


Son capaces de satisfacer las demandas que la vida les presenta

Enfrentan sus problemas a medida que se van   presentando.
• Aceptan sus responsabilidades.
Modifican su ambiente cuando esto es posible y   se ajustan a él cuando es necesario.
Planifican para el futuro, al que enfrentan sin   temor.
     • Tienen la mente abierta a nuevas experiencias e ideas.
     • Hacen uso de sus dotes y aptitudes.
     • Se fijan sus metas ajustándose a la realidad.
     • Son capaces de tomar sus propias decisiones.
     • Consiguen satisfacción en poner su mejor esfuerzo en lo que hacen.

En resumen, se puede afirmar que los conceptos de salud y de enfermedad mental son tanto la expresión de problemas de tipo emocional, cognitivo y comportamental como realidades simbólicas, construidas cultural e históricamente en la propia interacción social. Las concepciones de la salud y de la enfermedad varían según los enfoques teóricos y criterios de diagnóstico utilizados, las concepciones filosóficas, morales y psicológicas vigentes y los modelos médicos predominantes. Además, ambos conceptos tienen una carga valorativa que explica por qué las definiciones de lo que es normal y lo que es patológico varían de una sociedad a otra y de un grupo social a otro.


 
 

Otros Temas:

 
Ver otras áreas:


Más Servicios de RENa

| Mapa del sitio | Equipo de trabajoWebmaster |

© Todos los Derechos Reservados por RENa Copyright 2008