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Trastornos mentales


Son afecciones o síndromes psíquicos y comportamentales, radicalmente opuestos a los propios de los individuos que gozan de buena salud mental. En general, son causa de angustia y deterioro en importantes áreas del funcionamiento psíquico, afectando al equilibrio emocional, al rendimiento intelectual y al comportamiento social adaptativo. Se han descrito a través de la historia y en todas las culturas, pese a la vaguedad y dificultades de definición de este tipo de trastornos.

Clasificación de los Trastornos Mentales
La división de los trastornos mentales en clases es todavía inexacta, y las clasificaciones varían según las escuelas y doctrinas psicopatológicas. Los dos sistemas de clasificación de los trastornos mentales más utilizados y difundidos a nivel mundial (CIE-10 y DSM-IV) definen a los trastornos mentales de la siguiente manera:

     • La CIE-10 (Décima clasificación de las enfermedades mentales de la Organización Mundial de        la Salud de 1993) define a los "trastornos" mentales en función de la presencia de        determinadas conductas anormales, lo que la persona hace o dice -criterio psicosocial- o de        determinados síntomas de malestar, las señales de malestar que presenta la persona-criterio        médico.

     • Por su parte el DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales de la        Asociación Americana de Psiquiatría de 1994) define el trastorno mental en función de sus        componentes psicológicos (funciones mentales alteradas) y conductual de un cuadro clínico y de        las repercusiones biológicas y de malestar que produce. Por lo tanto se sigue observando un        criterio psicológico, el comportamiento anormal, junto con otro médico, la organización en la        presentación de los síntomas, el cómo se relaciona entre sí.

La mayoría de los sistemas de clasificación reconocen los trastornos infantiles, (como el retraso mental) como categorías separadas de los trastornos adultos. También la mayoría trata de distinguir entre trastornos orgánicos, los más graves provocados por una clara causa somática, fisiológica, relacionada con una lesión o una anomalía congénita estructural en el cerebro, y trastornos no orgánicos, a veces también denominados funcionales, considerados más leves. En parte, desde esta distinción en función de la gravedad y de la base orgánica, se diferencian los trastornos psicóticos de los neuróticos. De forma general:

     • Psicótico significa un estado en el que el        paciente ha perdido el contacto con la        realidad, mientras que neurótico se refiere a        un estado de malestar y ansiedad, pero sin        llegar a perder contacto con la realidad. En        su extremo, como formuló Sigmund Freud, el        fundador del psicoanálisis, todos somos        "buenos neuróticos", en tanto que los casos        de psicosis son contados. Los más comunes        son: la esquizofrenia, la mayor parte de los        trastornos neurológicos y cerebrales        (demencias), y las formas extremas de la        depresión (como la psicosis maniaco-        depresiva).


     • Entre las neurosis, las más típicas son las fobias, la histeria, los trastornos obsesivo-compulsivos , la hipocondría (miedo patológico a la enfermedad y la muerte), y en general todos aquellos que generan una alta dosis de ansiedad sin que haya desconexión con la realidad.

Trastornos comunes: las Neurosis
Neurosis, o psiconeurosis son términos que describen una variedad de trastornos psicológicos que originalmente parecieron tener su origen en algún problema neurológico, pero a los que hoy en día se atribuye un origen psíquico, emocional o psicosocial. Su característica principal es la ansiedad, personalmente dolorosa y origen de un comportamiento inadaptado. Sin embargo, las neurosis por lo general no son tan graves como para aislar al que las padece de una vida social normal, a diferencia de lo que ocurre con las psicosis, que habitualmente requieren hospitalización.

Hoy en día, estos términos ya no son clasificaciones clínicas, porque cada una se define desde sus propios síntomas, y en el DSM (Manual de Clasificación de las Enfermedades Mentales de la OMS, Organización Mundial de la Salud), publicado en 1987, no se incluyen las neurosis como tales, aunque se describen las enfermedades que antes englobaba este término. Son las siguientes:

     • Trastorno por ansiedad generalizada. También conocida como ansiedad libre flotante, es una         condición constante de displacer y de sentimientos aprensivos, que supone una sobrerreacción         al estrés normal, leve, que no afectaría a una persona equilibrada.


Crisis de angustia. Se caracteriza por los   ataques de pánico que también se dan en el   trastorno anterior y que son episodios de   aprensión aguda, imposible de sobrellevar,   acompañados de síntomas físicos como   palpitaciones cardiacas, transpiración copiosa,   respiración entrecortada, temblores musculares,   náuseas y desmayos. Una persona que sufre un   ataque de angustia se siente como si se fuera a   morir.

     • Fobias. Consisten en una respuesta de miedo desmedido ante un estímulo (por ejemplo, una        serpiente), o ante situaciones que normalmente no se consideran peligrosas (por ejemplo, viajar        en el metro). Para diagnosticarse como una fobia, el pánico debe ser lo suficientemente intenso        y constante como para que interfiera en la vida normal del sujeto. La reacción emocional varía        desde el mero disgusto al pánico. Normalmente, el fóbico se da cuenta de que su miedo es        irracional, pero es incapaz de controlarse.
          - La fobia simple es el rechazo a un objeto particular, por ejemplo a las arañas, y se pueden             tener varias fobias simples.
          - Las fobias sociales son las referidas a situaciones sociales, en las que, por ejemplo, la             persona que las sufre se convence de que tartamudeará si tiene que hablar a un extraño,             aunque no le suceda ni le haya sucedido nunca.
          - La agorafobia (del griego ágora, plaza pública o mercado), que se manifiesta como miedo             ante los lugares desconocidos, es seguramente la fobia más incapacitadora, ya que lleva en             los casos más severos a hacer que el sujeto no se atreva a salir de su casa, y a que genere             una fobia de segundo orden a su propio ataque de pánico, cuya posibilidad de ocurrir le             aterroriza.

     • Trastorno obsesivo-compulsivo. Este trastorno consiste en la persistente intrusión de         pensamientos o impulsos desagradables en la conciencia del sujeto, y en las urgencias         irresistibles (compulsiones) a desarrollar acciones o rituales para reducir la ansiedad         consiguiente. Ambas características se suelen dar juntas en este trastorno. Por ejemplo, una         persona obsesionada con la idea de que su casa puede ser saqueada y su familia atacada,         comprobará reiteradamente que todas las ventanas y las puertas están cerradas, pudiendo         llegar a hacerlo cientos de veces al día. Otro caso típico es el de las personas que tienen la         compulsión de lavarse las manos.

     • Trastorno por angustia de separación. Ocurre durante la infancia y consiste en un miedo         irracional a estar separado de los padres. A menudo los adultos agorafóbicos han sufrido la         angustia de separación cuando eran niños.

     • Trastorno por estrés postraumático. Este         término se acuñó después de la guerra del         Vietnam para describir los síntomas         psicopatológicos experimentados por los         veteranos de guerra cuando volvían a su         hogar. En la I Guerra Mundial se llamó         neurosis de guerra, y en la II Guerra         Mundial, fatiga del combate. Pero este         trastorno no es exclusivo de las guerras, ya         que puede aparecer después de cualquier         tipo de desastre, como un accidente aéreo o         una catástrofe natural (inundación,         terremoto, entre otros).

        Los síntomas consisten en revivir los sucesos traumáticos, sufrir desarreglos del sueño, como         pesadillas e insomnio, padecer ansiedad, distanciarse de los entornos normales, y perder en         general el interés por las actividades que se realizaban antes del desastre.

Otros trastornos neuróticos
Además de la depresión neurótica y otros trastornos ansiosos, hay diversas situaciones que tradicionalmente se han considerado neuróticas, como la histeria, las reacciones de conversión (de un conflicto psíquico a una enfermedad orgánica irreal), la hipocondría y los trastornos disociativos. Los llamados trastornos psicosomáticos se caracterizan por la aparición de síntomas físicos sin que concurran causas físicas aparentes. En la histeria, las quejas se presentan dramáticamente, de forma teatral y se inician, por lo general en la adolescencia, para continuar durante la vida adulta. Es un trastorno que se ha diagnosticado con mayor frecuencia en mujeres que en hombres, y en su extremo —la histeria de conversión— aparecen parálisis que imitan trastornos neurológicos, de modo similar a como en el dolor psicogénico, no se encuentra causa física aparente del dolor. Por último, en la hipocondría el síntoma dominante es el miedo irracional a la enfermedad.


Entre las formas de trastorno mental comprendidas entre las disociativas están la amnesia psicológica y la personalidad múltiple (antes denominada histeria de la personalidad alternante). Se trata de un trastorno extremadamente infrecuente en el que más de una personalidad coexiste en el mismo individuo. A menudo, una de las personalidades es inconsciente de lo que ocurre mientras la otra domina, por lo que aparecen periodos de amnesia. Este trastorno sigue a una experiencia infantil extremadamente traumática.

Trastornos de la personalidad
A diferencia de lo episódico de los trastornos neuróticos e incluso de algunos psicóticos, los trastornos de la personalidad duran toda la vida, pues hacen que determinados rasgos de la personalidad del enfermo sean tan rígidos e inadaptados que llegan a causar problemas laborales y sociales, daños a si mismo, y probablemente a los demás.

     • La personalidad paranoide se caracteriza por ser suspicaz y desconfiada.
     • La esquizoide ha perdido la capacidad e incluso el deseo de amar o de establecer relaciones        personales.
     • La esquizotípica se caracteriza por el pensamiento, el habla, la percepción y el comportamiento        extraños.
     • Las personalidades histriónicas se caracterizan por la teatralidad de su comportamiento y de su        expresión, relacionadas en parte con el siguiente tipo,
     • la personalidad narcisista, que demanda la admiración y la atención constante de los demás.
     • Las personalidades antisociales (antes conocidas como psicopatías), se caracterizan por tener        un comportamiento irresponsable y nocivo para los demás.
     • Los borderline son inestables en su autoimagen, estado de ánimo y comportamiento para con los        demás, y los evitadores son hipersensibles al posible rechazo, la humillación o la vergüenza.
     • La personalidad dependiente es pasiva hasta el punto de ser incapaz de tomar una decisión         propia, forzando a los demás a tomar las decisiones.
     • Los compulsivos son perfeccionistas hasta el extremo, e incapaces de manifestar sus afectos.
     • Los pasivos-agresivos se caracterizan por resistirse a las exigencias de los demás a través de         maniobras indirectas, como la dilación o la holgazanería.

Tratamiento Terapéutico y Farmacológico
La mayoría de las neurosis se tratan mediante el psicoanálisis u otras formas de psicoterapia dinámica. También las trata con bastante éxito la terapia cognitivo-conductual (especialmente en el caso de las fobias y los trastornos obsesivo-compulsivos). En este tipo de trastornos, la medicación suele ser sólo un medio complementario para reducir los niveles de ansiedad, así como el uso de la relajación o la hipnosis. Muchas de las neurosis y problemas de personalidad responden bien al tratamiento, y sus efectos perturbadores sobre el sujeto se logran atenuar en gran medida.


 
 

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