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Conducta emocional

En el ser humano la experiencia de una emoción generalmente involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo, que utiliza para valorar una situación concreta y, por tanto, influye en el modo en que se percibe dicha situación. Cada individuo experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación concreta.

Teorías de la emoción:

La base fisiológica de la emoción no está aun clara, ya que los investigadores no han logrado determinar el funcionamiento exacto de la misma. De acuerdo a la evolución científica se han elaborado diversas teorías, de las cuales las más conocidas son:

     • Teoría de James y Lange
     • Teoría de Cannon y Bard
     • Teoría de Arnold y Lindsley
     • Teoría de Schachter y Singer

Teoría de James y Lange (1884)
Según ellos la emoción se produce de la siguiente manera:

     1. El órgano receptor percibe la situación que puede afectar, como una situación o peligro, y lo         transmite a la corteza cerebral.

    2. Se produce una situación desencadenándose una serie de manifestaciones orgánicas.

    3. Se perciben estas modificaciones del organismo y entonces es cuando se siente la emoción.

Las fallas que presenta esta teoría son que no indica la participación de los centros cerebrales; la emoción es independiente de las recepciones y se ha comprobado que personas paralíticas tienen capacidad emotiva.

Teoría Talámica de Cannon (1927) y Bard (1934)
Cannon y Bard descubrieron que el tálamo y el hipotálamo son los centros que regulan las actividades nerviosas de la emoción, proponen lo siguiente:

     1. El estímulo se transmite desde el órgano receptor hasta la corteza a través del hipotálamo y del         tálamo.

    2. Si es muy fuerte, supera la inhibición que ejerce la corteza sobre el tálamo y se activan los         mecanismos talámicos.

    3. Los mecanismos talámicos a través del hipotálamo, desencadenan las manifestaciones orgánicas         de la emoción.

    4. Una señal de este desencadenamiento es transmitida a la corteza.

    5. La corteza procesa la respuesta.

Las fallas que presentan esta teoría son, el tálamo no es esencial en la emoción; el hipotálamo no tiene proyecciones sensoriales específicas a la corteza; hay emociones que se producen sin la desinhibición cortical; la corteza cerebral tiene no solo funciones inhibidoras sino también excitadoras.

Teoría de la activación o excitación de Arnold y Lindsley (1951)
La emoción se produce de la siguiente manera:

     1. Los estímulos tanto viscerales como somáticos llegan a la formación reticular; allí se integran y         se difunden por el hipotálamo y el tálamo y a través de este se activa la corteza.

    2. Si la intensidad del estímulo es fuerte, aumenta la actividad cerebral y la corteza da una señal         de alerta que desinhibe los centros di encefálicos: hipotálamo y tálamo.

    3. El patrón de alerta hace que se produzca la expresión orgánica de la emoción y se         desencadenan una serie de modificaciones orgánicas producidas y esta percepción influye en la         toma de posición emocional.

    4. La toma de posición emocional producida por el estímulo original y los estímulos de lo que está         ocurriendo en el organismo, refuerza el desarrollo de la emoción.

Las fallas de esta teoría son, el alerta cortical no tiene las graduaciones tan finas como para correlacionarse con cada emoción; el alerta cortical es un requisito, pero no explica el comportamiento emocional.

Teoría de Schachter y Singer
Mantiene que las emociones son debidas a la evaluación cognitiva de un acontecimiento, pero también a las respuestas corporales: la persona nota los cambios fisiológicos, advierte lo que ocurre a su alrededor y denomina sus emociones de acuerdo con ambos tipos de observaciones. El niño al nacer no posee emociones diferenciadas, estas se van definiendo a lo largo del proceso de maduración. Las emociones pueden considerarse como pautas de conductas innatas relacionadas con los instintos, pero se distinguen de ello en que no son tan rígidas y que varían de un individuo a otro, de acuerdo a las experiencias propias.

Según Bridges y Wallon hay 3 fases en el desarrollo emocional:

     1. Predominio del plano visceral de la sensibilidad de 1 a 6 meses: Donde el niño experimenta         el esquema displacer – excitación – placer. A los 6 meses comienzan a aparecer el miedo, la         cólera y el amor.

    2. Predominio del plano propioceptivo de la sensibilidad: 6 meses a 1 año. Donde el niño se va         desligando de su madre, comenzando a interesarse por el mundo que lo rodea, dando origen a         nuevas emociones.

    3. Predominio del plano exteroceptivo de la sensibilidad: A partir del año comienza a         socializarse, interactuando con el resto del mundo. Aparecen emociones como: celos, alegría,         tristeza.

A medida que el niño va creciendo, aprende a manifestar sus emociones. El papel que juega la familia y los padres, en dichos aprendizajes es muy importante en el desarrollo de una conducta emotiva adecuada. De este modo, los principales factores que influyen en el individuo y su manera de manifestar las emociones son:

     • La experiencia del dolor y del placer, ayudan a una mejor adaptación y protección del individuo        cuando se superan positivamente. Crean la memoria emocional. Por ejemplo: cuando una persona        es atacada por un animal, le teme a ese animal.

     • El factor colectivo, ayuda a internalizar las emociones que afectan a una colectividad por        ejemplo: el niño imita las actuaciones de su familia, club, amigos, entre otras, ante una situación        de riesgo como un temblor, un incendio, entre otros.

     • La transferencia, es cuando se reproducen las mismas emociones frente a situaciones y objetos        similares, ejemplo: cuando el alumno manifiesta su rechazo a todos sus profesores, a causa de un        problema con uno de ellos.

     • La proyección, cuando se desplazan los estados emotivos adquiridos, hacia objetos nuevos. Por        ejemplo: el miedo hacia un objeto en concreto, que luego se convierte en miedo a la oscuridad, a        la soledad, a las alturas, entre otros.

     • El pensamiento, es el que hace evocar hechos a personas que han desencadenado las emociones y        por transferencia o proyección los convierte en nuevas emociones. Por ejemplo: al recordar un        hecho trágico puede provocar la emoción del dolor y la tristeza.

Como resumen:
Tomando en cuenta estas teorías se podría llegar a una definición sencilla donde una emoción es un estado afectivo que se experimenta, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influenciados por la experiencia. Las emociones tienen una función adaptativa del organismo a lo que lo rodea. Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violenta o más o menos pasiva, se puede decir, que las emociones no son entidades psicológicas simples, sino una combinación compleja de aspectos fisiológicos, sociales y psicológicos dentro de una misma situación polifacética, como respuesta orgánica a la consecución de un objetivo, de una necesidad, o de una motivación.

Clasificación de las emociones:
Las emociones pueden agruparse, en términos generales, de acuerdo a la forma en que influyen la conducta: si motivan a aproximarse o evitar algo. Robert Plutchik, identificó y clasificó las emociones en el año 1980, y expresó que los animales y los seres humanos experimentan 8 categorías básicas de emociones que motivan varias clases de conducta adoptiva: temor, sorpresa, tristeza, disgusto, ira, esperanza, alegría y aceptación; cada una de estas ayudan a adaptarse a las demandas del ambiente aunque de diferentes formas. De acuerdo a Plutchik, las diferentes emociones se pueden combinar para producir un rango de experiencias más amplio. Así, por ejemplo, la esperanza y la alegría, combinadas se convierten en optimismo; la alegría y la aceptación produce cariño; el desengaño es una mezcla de sorpresa y tristeza. Estas emociones varían en intensidad de un individuo a otro, la ira es menos intensa que la furia, y el enfado menos intenso que la ira.

Dependiendo de las particularidades de cada persona las emociones pueden presentar distintos grados de intensidad, alterando de diversas formas, sus actuaciones. En caso extremo, cuando existe un estado emocional rápido y explosivo, con efectos inmediatos, se puede estar ante la presencia de un shock emocional, donde la intensidad es tan fuerte que la persona se siente perturbada a causa de esa emoción, pudiendo ocasionar reacciones fisiológicas bruscas, la perdida del control mental racional, una conducta cohibida o por el contrario agitada.


Por ejemplo, hay personas que siempre, o casi siempre se comportan del mismo modo cuando sienten una determinada emoción; otras, al menos, se comportan de modo diferente e imprevisible. Aquí parecen influir dos patrones de comportamiento que se superponen: uno innato, es decir, que se posee desde el mismo momento del nacimiento, y otro adquirido. Esta estaría en relación con las propias experiencias que se ha tenido a lo largo de la vida, las cuales condicionarían hacia determinadas pautas de conducta, como si se hubiese aprendido por experiencia a reaccionar de un modo determinado sin darse cuenta, inconsciente o conscientemente, que, de este modo, era capaz de salvar la situación.

Se trataría, en cierto modo, de los resultados del procesamiento cerebral de un largo caudal de información. Se enlazan, entonces, con los conceptos desarrollados por la denominada psicología cognitiva, según la cual, ante una determinada situación se realiza un análisis extraordinariamente rápido de todos los componentes, tras el cual se genera, de forma casi automática, un modo de actuar. Por ejemplo, se ha comprobado en situaciones límites como las provocadas por accidentes de tráfico, en que se actúa eficazmente tras valorar un gran número de elementos en juego en escasos segundos. De este modo, las emociones pueden variar de un individuo a otro dependiendo de sus experiencias y de la manera en que se realizan sus procesos internos. A continuación se definen algunas de las emociones más frecuentes en los individuos:

Temor o miedo:
Anticipación de una amenaza o peligro, que produce ansiedad, incertidumbre e inseguridad. Se produce como reacción ante la llegada rápida, intensa e inesperada de una situación que perturba la situación acostumbrada. En las emociones de miedo se vive un aviso de un peligro que arruinaría un deseo (de vivir, gozar de buena salud, tener una excelente imagen personal, caer bien a los demás, entre otros). El aviso de peligro se entiende como una evaluación compleja del posible desarrollo de lo temido junto a las posibilidades correspondientes de contrarrestarlo.
Sorpresa:
Sobresalto, asombro, desconcierto; es muy transitoria. Puede dar una aproximación cognitiva para saber que pasa.
Disgusto:
Malestar, molestia, sentimiento, pesadumbre e inquietud causados por un accidente o una contrariedad.
Ira:
Se produce por la frustración de no obtener lo que se necesita o desea. Rabia, enojo, furia, resentimiento, irritabilidad.
Alegría:
Es una emoción de carácter agradable y liberadora de tensión y excitación. Diversión, gozo, euforia, da una sensación de bienestar y seguridad.
Tristeza:
Pena, soledad, pesimismo.

La emoción puede ser desencadenada por situaciones, personas y objetos que se presentan como agradables, desagradables, buenos o malos. Lo que se considera bueno agrada y se desea, y cuando se tiene, se disfruta; por el contrario, lo que se considera malo desagrada y se trata de evitar, se rechaza, y cuando se presenta causa tristeza y descontento. Las situaciones que pueden desencadenar las emociones son básicamente de dos tipos:

     • Situaciones que exigen satisfacción de necesidades: hambre, sed, sueño, seguridad, aprecio,        entre otras.
     • Situaciones en las que se busca el crecimiento.

Estas emociones básicas impulsan a la acción, a buscar lo que satisface, a través de diversos medios, es así como por ejemplo, ante una dificultad de aprendizaje, problemas con alguna materia o profesor particular, desmotivación escolar, entre otros, que pueda llegar a causar una situación de inseguridad, temor o angustia, cualquier adolescente puede apoyarse en sus padres, compañeros o profesores para que lo ayuden a superar estados emocionales desagradables. Un papel de gran importancia lo juegan el psicólogo de orientación o el psicólogo educativo quien podrá orientar ante las dificultades ayudando a superarlas, generando esperanza, llevando al adolescente a reaccionar con alegría, esfuerzo, optimismo, luchando con mayor intensidad ante situaciones difíciles, evitando caer en la desesperación o el miedo.

Aspectos fisiológicos de las emociones
Las emociones van siempre acompañadas de reacciones somáticas. Son muchas las que presenta el organismo, pero las más importantes son:

     • Las alteraciones en la circulación.
     • Los cambios respiratorios.
     • Las secreciones glandulares.

El encargado de regular los aspectos fisiológicos de las emociones es el sistema nervioso. El sistema nervioso autónomo acelera y desacelera los órganos a través del simpático y del para-simpático; la corteza cerebral puede ejercer una gran influencia inhibitoria de las reacciones fisiológicas; de este modo algunas personas con entrenamiento logran dominar estas reacciones y llegan a mostrar un auto control casi perfecto. Dentro de los cambios fisiológicos que se presentan durante la emoción se pueden mencionar:

     • Aceleración de los latidos del corazón y del pulso.
     • Elevación de la presión sanguínea, enrojecimiento de la piel.
     • Rápida conversión del azúcar en energía.
     • Cambio en la velocidad y profundidad de la respiración de acuerdo a la intensidad, duración y        conducta corporal de la situación emocional.
     • Aumento de la sudoración, como producto del esfuerzo muscular.
     • Dilatación de la pupila.
     • Alteraciones faciales, etc.

Es decir, los fenómenos afectivos se producen como una reacción de excitación ante los estímulos, que inciden en la conducta y el funcionamiento fisiológico del organismo, implicando manifestaciones de índole glandular, muscular o visceral, las cuales se pueden controlar de diversa manera, logrando provocar el equilibrio afectivo. A continuación se presentan algunos consejos para aprender a controlar las emociones:

     • Mantener una apariencia tranquila ante los estímulos que provocan temor.
     • Controlar el lenguaje, ya que el control de las palabras ayuda a disciplinar las emociones.
     • Procurar ajustar los estímulos excitatorios de las emociones a las condiciones de tolerancia del        organismo.
     • Aclarar cada día los pensamientos.
     • Aprender a proyectar en la mente situaciones nuevas, comparando las mismas con otras        experiencias.
     • Hacer comparaciones con las diferentes situaciones.

Todo esto, con la finalidad de crear un equilibrio afectivo, evitando situaciones de frustración o conflicto, que puedan ocasionar enfermedades de tipo somático o de origen psíquico o emocional. Se puede resaltar con claridad que las conductas afectivas que logran manifestarse en forma positiva representan para el individuo una situación de adaptación a las circunstancias, que se traducen en madurez emocional.

Aspectos psicológicos de las emociones
Las emociones se diferencian de los sentimientos en que éstos no se acompañan de cambios en la esfera corporal (o de producirse, éstos son mínimos), y en que la persistencia o duración de las emociones es mucho más grave. Hay que distinguirlas también de las llamadas vivencias emocionales, éstas son experiencias en las que surgen una o más emociones, lo que no es igual a la emoción en sí, que sería más bien producto de esa vivencia, aunque van estrechamente unidas. De este modo, los sentimientos suministran, a cada instante, durante todo el día, datos potencialmente aprovechables. Pero no basta con tener los sentimientos. Es necesario saber reconocerlos y apreciarlos, tanto en uno mismo como en los demás, así como reaccionar a ellos correctamente.

Las personas que saben hacerlo utilizan la inteligencia emocional, que representa la capacidad de sentir, entender y aplicar eficientemente el poder de todas aquellas emociones y que dan fuerza, confianza y creatividad, indispensable para poder llevar a buen término ciertas iniciativas relacionadas con la mente, tales como el control de calidad y desarrollo de las competencias fundamentales para la resolución de situaciones. A medida que el sujeto va desarrollando las distintas características de su inteligencia emocional, lo más probable es que observe que, al mismo tiempo, va aumentando su capacidad en los siguientes aspectos: la intuición, disposición para confiar en los demás, capacidad para inspirar confianza., un carácter sólido y de auténtica personalidad, el aprecio por la satisfacción constructiva, la capacidad para encontrar soluciones acertadas en situaciones difíciles y para tomar decisiones inteligentes y un liderazgo eficiente.

Frustraciones y conflictos
Las motivaciones que tiene el individuo hacia determinadas metas despiertan y orientan sus conductas hacia el logro de las mismas. Cuando éstas se alcanzan se habla de éxito. El fracaso se produce cuando una necesidad o el logro de una meta es obstaculizada por factores de cualquier tipo. La vivencia del fracaso se llama frustración. Es cuando un organismo motivado interrumpe su conducta hacia una meta, para que se produzca la frustración es necesario: que exista una privación, es decir que esté presente un impulso para lograr algo que no se tiene y que exista un impedimento, algún tipo de interferencia que impida la gratificación o la realización de la acción. Un ejemplo seria cuando un alumno se prepara para una prueba de lapso que el docente realizará en forma oral. Aunque el alumno sabe que domina todos los contenidos, al llegar el momento de responder, en lugar de hablar, se bloquea y comienza a tartamudear sin lograr expresarse claramente, ocasionado un fracaso provocado por la situación de emoción que suscita la prueba oral.

Las frustraciones:
Se producen cuando aparece una barrera o interferencia invencible en la consecución de una meta o motivación. La frustración y los conflictos son un quehacer ordinario de la vida. Ellos no solo interactúan entre sí, sino que vienen a hacer una de las fuentes más importantes del comportamiento humano, al punto que, de la manera como el individuo los resuelva, dependerá, en gran medida, su salud mental. En primer lugar, las frustraciones de origen externo, que pueden ser

“físicas”, como la imposibilidad de encender el carro antes de salir al trabajo, y “sociales”, como la falta de dinero para llevar una amiga al cine, o las negativas de la misma a acompañarnos. En segundo lugar, están las frustraciones de origen interno, que son, entre otras, la inadaptación emocional y la falta de tolerancia a las mismas. De este modo el logro y el fracaso, así como la dependencia e independencia, son las principales fuentes internas de la frustración y la acción.

Entre las principales fuentes de frustración se pueden mencionar:

Inadecuación interior –exterior:
Inadecuación que tiene su origen en excesivas exigencias del individuo al ambiente, o al contrario, una excesiva demanda ambiental que el individuo no puede satisfacer.
Crisis del desarrollo:
A lo largo de la vida se producen situaciones de crisis que producen frustración, entre ellas se encuentran: la restricción de la actividad infantil, el destete, la enseñanza de hábitos higiénicos, la pérdida del amor, de la seguridad del apoyo, dificultad económica en la vida adulta, la muerte de seres queridos.
Situaciones que amenazan la autoestima o la integridad:
No todas las situaciones difíciles producen frustración, solamente las que implican una amenaza para el yo o una defensa de la autoestima e integridad como persona.

Conflicto:

Es un estado de tensión incrementado que se caracteriza por vacilación y duda, fatiga e incluso bloqueo, provocado por dos motivaciones o necesidades de igual intensidad, ante las cuales el sujeto debe elegir por seguir una y dejar la otra. Los tipos de conflictos más comunes son:

Acercamiento – acercamiento:
Dualidad en la que las dos situaciones atraen.
Evitación – evitación:
Dualidad en la que las dos situaciones son igualmente indeseables y producen aversión.
Acercamiento – evitación:
Dualidad producida por el deseo y la aversión de una misma tendencia.

Entre las consecuencias más comunes de los estados de conflicto y frustración se tienen los siguientes:

     • Angustia y ansiedad
     • Inseguridad e indecisión
     • Excitación e irritabilidad, resentimiento
     • Generalización de la angustia
     • Actitud de huida
     • Agresividad

No todos los estados producen estos síntomas con la misma intensidad, esto depende del grado de amenaza que suponen para el individuo la frustración y el conflicto, junto a estas consecuencias negativas, existen también las positivas: aprendiendo a evitar ciertas situaciones y estimulando la productividad y el esfuerzo, buscando ayuda en profesionales como los psicólogos que pueden intervenir en la resolución positiva de un conflicto.
 
 

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